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Infancia

El 29 de Diciembre de 1879 en el templo Bhuminatha en Tiruchuzi, al sur de la India, se estaba celebrando con gran fervor el Arudra Darshanam, un festival que conmemora la manifestación del Dios Shiva como Nataraja, el Señor de la Danza Cósmica. La imagen decorada del Dios Shiva era llevada ceremoniosamente en procesión por las calles de la ciudad durante el día y hasta bien entrada la noche. A la una de la madrugada del 30 de Diciembre, justo cuando la Deidad volvía a hacer su entrada en el templo después de la medianoche, se escucharon, desde una casa adyacente al templo, los primeros llantos de un bebé recién nacido. Los padres afortunados eran Sundaram Iyer y su esposa Alagammal. El niño recién nacido recibió el nombre de Venkataraman, mas tarde conocido como Bhagavan Sri Ramana Maharshi. Cuando el niño estaba naciendo, una señora con escasa visión en los ojos exclamó que el recién nacido estaba envuelto en luz.

Thiruchuli House — Birth Place of Sri Ramana
Thiruchuli House — Birth Place of Sri Ramana

Venkataraman terminó la escuela primaria en Tiruchuzhi y se trasladó a Dindigul para continuar con sus estudios. En febrero de 1892 falleció su padre y como consecuencia la familia se dividió. Venkataraman y su hermano mayor se fueron a vivir con su tío paterno Subbier a Madurai, mientras que los dos hermanos pequeños se quedaron con la madre. Al principio Venkataraman asistió a la escuela secundaria de Scott y más tarde al instituto de la Misión Americana.

El muchacho prefería hacer deporte con sus amigos a tener que realizar las tareas de la escuela. Tenía una memoria retentiva asombrosa, la cual le permitía repetir una lección después de haberla leído una sola vez. Lo que llamaba la atención en aquellos días era su sueño profundo. Era fuera de lo normal. Dormía tan profundamente que no era fácil despertarle. Aquellos que durante el día no se atrevían a desafiarle físicamente podían volver por la noche, sacarlo de la cama y golpearle todo lo que quisieran mientras continuaba dormido. A la mañana siguiente no recordaba nada de lo ocurrido.

Supo por primera vez que Arunachala era una ubicación geográfica después de preguntarle a un pariente suyo que estaba de visita, “¿De dónde vienes?” El respondió, “De Arunachala” El joven exclamó con entusiasmo, “¡Qué! ¡De Arunachala! ¿Dónde está eso?” El pariente, sorprendido por la ignorancia del muchacho, le explicó que Arunachala era lo mismo que Tiruvannamalai. El sabio hace referencia a este incidente en un himno a Arunachala que compuso más adelante:

¡Ah! ¡Qué maravilla! Arunachala se erige como una Colina inerte. Sus acciones son misteriosas, más allá de la comprensión humana. Desde mi niñez, en mi mente había brillado la idea de que Arunachala era algo que superaba lo grandioso, pero incluso cuando llegué a saber por otro de que era lo mismo que Tiruvannamali, no me di cuenta de su significado. Cuando me atrajo hacia ella, aquietando mi mente, y me acerqué, la vi permanecer inmutable. “Ocho Estrofas a Arunachala”

Algún tiempo después leyó por primera vez el Periyapuranam, las historias de la vida de los sesenta y tres santos. Se vio inundado de una inmensa alegría al ver que tal amor, fe y fervor divino fueran posibles. Los relatos que conducían a la Unión Divina a través de la renunciación le entusiasmaron de tal manera que surgió en él un deseo de emular a los santos. A partir de entonces una corriente de consciencia comenzó a despertarse en él. Como ya lo dijo con su sencillez característica, “Al principio pensé que se trataba de una especie de fiebre, pero decidí que, si se trataba de una fiebre placentera, porque no dejar que se quedara”